Los problemas técnicos

No hace falta insistir demasiado en las críticas que se han vertido sobre los aspectos tecnológicos de la fase de votación de la consulta para la reforma de la Diagonal, pero conviene hacer alguna reflexión.

Como la perfección no existe, ¿hay algún sistema que funcione al 100%? ¿Nunca nadie de ustedes ha ido a un cajero automático y se ha encontrado con cortes de línea, opciones no ejecutables o sencillamente el cartel rojo de “fuera de servicio”? Si están conectados 11 horas a Internet, ¿no hay ninguna página de las que visitan actualmente que cueste cargarse más de lo habitual o incluso no sea posible acceder en alguna ocasión?

Creo sinceramente, que se ha exagerado, en algunos aspectos.
Hay que distinguir dos tipos de problemas: los específicamente técnicos que no atentan necesariamente al derecho a votar y los que han permitido suplantar la identidad de un participante. En un mundo ideal ninguna de las dos tipologías deberían haberse materializado, pero si bien las primeras son inherentes al mecanismo de votación electrónica, la segunda sí resulta inexcusable.

El jefe del grupo mayoritario de la oposición en el consistorio municipal, el Sr. Xavier Trias, no pudo votar en el lugar que había escogido por un cable desconectado que no fue debidamente detectado. Con paciencia, eso sí, se trasladó un centenar de metros a otro punto de consulta presencial y allí pudo ejercer a la primera su derecho. La votación se prolongó durante seis días y se podía efectuar presencialmente o por Internet, de manera que quien quería manifestar su opinión tenía otras opciones. De acuerdo que no es una situación ideal, pero sí subsanable con buena voluntad. Era la primera vez que masivamente se hacía una votación electrónica en la ciudad de Barcelona y, como todo en este mundo, necesita un rodaje.
Las caídas del línea del sistema se resolvían reiniciándose el software, operación que no llegaba a los tres minutos, en condiciones normales. ¿Quién no ha ido a adquirir algún producto o recibir algún servicio y le han dicho lo de “un momento, por favor, que la máquina no funciona”?
Más grave que los errores técnicos en sí es su falta de verificación inicial. La Gerente de Sistemas de Información del Ayuntamiento manifestaba en la prensa (o eso decía la prensa que había manifestado) los primeros días de la votación que no se había hecho una prueba general del sistema el día anterior. Es que se hubiera tenido que hacer, no el día anterior, sino antes. No soy técnico en sistemas de información, pero estoy seguro de que si Internet está lleno de mensajes generados automáticamente de forma indiscriminada, el sistema de votación elegido podía someterse a una prueba de recepción de miles de votos lanzados simultáneamente para intentar determinar su resistencia.

Pero aún así, más preocupante aún resulta la alteración de un principio básico de la democracia como es la identificación de la persona que vota. No se puede considerar permisible un mecanismo de identificación basado en el número de DNI y fecha de nacimiento enviados por SMS recibiendo un código autentificación para introducir en la pantalla de votación. Internet, para lo bueno y lo malo, contiene tanta información que permite obtener datos personales, principalmente de ciudadanos de relevancia. Bien conocidos son los casos del jefe del Partido Popular en el Ayuntamiento Barcelona o de la Infanta Cristina. Ni como mecanismo para facilitar el voto se puede permitir este canal de identificación. ¿Cuántos abuelos, padres, hermanos o hijos habrán votado sin ser conscientes? Mal favor a la participación ciudadana se ha hecho. Pero tiene una fácil solución (los errores están para aprender de ellos), no permitir nunca más este mecanismo de autentificación.

¿Por qué un cese y no trabajar para la ciudadanía?

Si la consulta para la remodelación de la Diagonal era un ejercicio de participación ciudadana, el cese (es igual voluntario o involuntario) del Primer Teniente de Alcalde Carles Martí una vez vistos los resultados no hace ningún favor a este tipo de procesos, sino que en mi opinión les da un golpe de gracia, hoy por hoy, al que todos han contribuido.
La distorsión del proceso ha consistido en no saber mantener lo que se prometió en su inicio: que habría neutralidad política sobre las opciones presentadas. Lejos de ello, cada partido (unos más que otros) ha hecho bandera de una de las alternativas. El posicionamiento más o menos explícito del principal partido del gobierno municipal en favor de una opción ha acabado convirtiendo la consulta en un plebiscito -según dicen los comentaristas (véase el final de este escrito) -, como ha sido ampliamente comentado en los días anteriores, durante y después de la semana pasada. Y el otro partido del gobierno municipal manifestó que no había opción diferente a reformar la Diagonal y que además ésta no se podía concebir sin el tranvía, afirmación que poco margen dejaba aparentemente al proceso participativo y que no deja de sorprender en pleno proceso cuando uno de sus representados es una de las voces más autorizadas de este país en temas de participación.
En un proceso de participación ciudadana es el diálogo entre los ciudadanos lo que lo caracteriza, pudiendo finalizar con una manifestación concreta de la opinión de cada uno. Si bien el primer punto se ha cumplido, al menos por parte de diversas entidades y colectivos que han ido argumentando explícitamente al respecto, el punto final, la votación, parece haberse convertido en un debate político más, como hubiera podido suscitar a raíz de la fluctuación de los precios de las rosas el día de Sant Jordi debido a la globalización, por poner cualquier ejemplo.
Los procesos de participación ciudadana pueden nacer de dos maneras: porque los propios ciudadanos, agrupados convenientemente, lanzan una propuesta a debatir o porque la administración institucional les presenta una alternativa a contrastar o varias posibilidades de elección sobre una alternativa ya decidida. Como muchos han dicho, quizás en el caso que nos ocupa faltaba una primera propuesta: remodelar integralmente la Diagonal, sí o no, y en caso de resultar ganador el “sí”, abrir un plazo de propuestas sobre las posibilidades, debatirlas y presentarlas a elección de los ciudadanos. Y aun así, en el esquema escogido para la consulta de la Diagonal, se hubieran podido unificar estos debates desdoblando la famosa alternativa C (inexistente como tal en el momento de la votación) para que las personas que decidieron votar tuvieran la oportunidad de manifestar claramente si no querían una reforma integral o si la querían pero ninguna de las dos propuestas oficiales presentadas les gustaba: se trataba de añadir un cuadro más en la pantalla de votación. Y un poco más allá, hubiera podido abrir la posibilidad de propuestas no realizadas sólo por los técnicos municipales sino por otros colectivos, que estos días ha quedado claro que de existir, existen.
Si todo esto se hubiera conducido bajo una auténtica convicción de contar con la opinión de la gente para sacar adelante (o no) un proyecto y por lo tanto pedirles su parecer desde una neutralidad institucional en la formación de la decisión final, pero con un impulso institucional decidido (y realmente sentido) del proceso participativo, el resultado final no debería representar un terremoto político ni la inmolación personal de nadie, sea voluntaria o forzada, sino, sencillamente, un mandato ciudadano indicando que el camino a seguir. Y como la Diagonal no lo es todo en la ciudad, aquellos que estaban dispuestos a trabajar en ella deberían haber continuado haciendo aquello por lo que, en teoría, fueron elegidos: representar a los ciudadanos y, por tanto, trabajar en sus prioridades y necesidades. ¿Es trabajar por la ciudadanía cesar (o hacer cesar) un representante político cuando la ciudadanía dice por qué camino quiere ir? Quizá lo que debería hacerse es precisamente trabajar (no debe cansarnos repetir esta palabra) en este sentido, en lo que quiere la gente, no en lo que se piensa que quiere la gente.
Tuve la oportunidad de captar la opinión de doscientas personas que votaron en la consulta. Ni una A era a favor del Alcalde, ni una B iba medio en contra y ni una C pretendía hacerlo dimitir: los votantes actuaban por razonamientos más “simplistas”: pensando en la pregunta, en la forma de la nueva Diagonal , en el transporte, en el bonita que ahora es y no es necesario tocarla, en lo que podría ser, pero tenemos ahora otros problemas, en que no quiero que sea así … pero no en juegos de estrategia. Y esto es la participación: algo más simple, sin tantos entresijos.

Un ejercicio de democracia

Suponiendo que la democracia sea aquel sistema de ordenación de la vida pública por el que los ordenados (ciudadanos) deciden por sí mismos cómo ordenarse, la consulta sobre la reforma de la Diagonal ha sido un ejemplo de democracia.

Algunas voces críticas en relación a los llamados procesos participativos afirman que los ciudadanos no somos suficientemente sabios como para decidir qué nos conviene y en cambio nuestros representantes, instruidos por supuestos expertos en la materia, sí lo pueden hacer. No volveré a insistir en que no hay una sabiduría “experta”. Hemos visto cómo varios expertos han defendido estos días tanto la opción A, la B como ninguna de las dos. ¿Quién tiene la razón?

Lo que sí tengo claro es que si estamos en una democracia, no se puede omitir, bajo pretextos técnicos, la opinión del 79,84% de aquellos ciudadanos que han decidido expresar su parecer sobre la reforma de la Diagonal. Imaginemos que no se hace la consulta, que el consistorio municipal decide llevar a cabo la reforma y que una cumbre de expertos aconseja la opción A (o la B, no importa). Pues bien, la racionalidad de los demócratas no participativos nos lleva a desarrollar un proyecto de 125 a 136 millones de euros en contra de la opinión del 79,84% de los ciudadanos que han votado, que son quienes por una u otra vía pagan las obras. Hum …Algo no me liga.

¿Ha votado poca gente? Vale, pero por regla general (la perfección no existe) todos los que han querido votar lo han hecho. Si la democracia tiene algo que ver con la libertad debe respetar la decisión de la ciudadanía, aunque sea la de no manifestarse en un tema dado. ¿Qué impacto mediático hubiera tenido por los comentaristas que ningunean la baja participación una manifestación de 137.454 personas en la Diagonal en contra de las propuestas A y B de reforma?

La opción D del Fòrum del Transport Català

Adjunto un enlace con la opció D a la consulta que presenta el Fòrum del Transport Català como una nueva e interesante aportación al debate.

http://diagonalopciod.com/

Más sobre la imposibilidad de una consulta técnica

Importante, a mi entender, esta reflexión del profesor Joan Subirats:

“Las alternativas técnicas planteadas se someterán a consulta ciudadana. ¿Es necesario? Estos días, de sectores profesionales vinculados a la arquitectura y al urbanismo surgen muchas voces que muestran su escepticismo o su rechazo ante la eventualidad de la votación. Se alude a que en otras épocas las grandes decisiones urbanas no se votaron. Ni las urbanas, ni ninguna otra. Otros añaden que la opinión ciudadana no aportará valor o más bien genera confusión. No es un tema nuevo. No acaban de entender que no se somete a votación la viabilidad técnica, que se supone, sino la viabilidad social. Y que cuanto más complejo es un problema desde el punto de vista social, cuantas más aristas y posibles desacuerdos plantea, más necesario es incorporar legitimidad y consenso para que su implementación sea posible. La deliberación y el debate social son cada vez más imprescindibles en temas de alcance estratégico.

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/reforma/ciudad/elpepuespcat/20100410elpcat_9/Tes

Democracia corporativista

Luis Alonso, candidato al decanato del Col.legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya incide en la imposibilidad que los ciudadanos podamos decidir cómo pensamos que debería ser una nueva Diagonal.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idtipusrecurs_PK=7&idnoticia_PK=704388

Insisto en lo que ya he dicho en otras ocasiones, se habla de decisiones técnicas como si fueran axiomas que no hay que demostrar. ¿Y qué técnicos tienen razón? ¿Los que recomienden la opción A, la B o la C?

La democracia de los expertos

En el debate que se organiza con motivo de la reforma de la Diagonal no es difícil encontrar voces que por unos u otros motivos justifican dejar la decisión en manos de los expertos, ya sea porque el tema resulta demasiado complejo incluso para los expertos y sólo ellos pueden consensuar el camino a seguir, ya sea porque los ciudadanos de la calle no sabemos de estas cosas, ni que nos las expliquen, según defienden algunos.

No volveré a decir que todo se trata de la información que se suministre sobre las diversas opciones, ya lo he hecho recientemente, aunque 10.000 opiniones son más representativas que 50, diría yo. Pero sí quiero dejar abiertas dos reflexiones que me han surgido hoy.

La primera, nada tiene que ver con la reforma propuesta, pero si con los expertos. Una norma jurídica como es el Estatuto de Autonomía de Catalunya elaborada por los representantes electos de los ciudadanos en Catalunya, ratificada por quien quiso votar y sentenciada por más representantes electos, esta vez a nivel estatal, depende en buena parte de diez magistrados que a este paso dictaminarán una sentencia con el voto de calidad de su presidenta … Buf … ¿Resulta que diez expertos constitucionalistas no se ponen de acuerdo en su decisión … Entonces, es inexorable la decisión de expertos? Como también decía días atrás, si dentro de este colectivo de expertos en cualquier materia encontramos siempre opiniones de todos colores (como debe ser, creo), ¿su decisión será más sabia que la del resto de ciudadanos?

La segunda reflexión tiene ya más que ver con la reforma de la Diagonal y el mundo del urbanismo. Vengo de presenciar el estreno de un documental llamado La Diagonal (que recomiendo a quien pueda verlo). Resulta que el Plan Cerdà, del que muchos barceloneses estamos orgullosos, también tuvo sus detractores entre el llamado mundo de los “técnicos”. Y ahora contesto la pregunta que días atrás formulaba un articulista (del que ahora lamento no recordar el nombre), defendiendo la no celebración de la consulta: ¿qué hubiera sido del Plan Cerdà si se hubiera sometido a votación popular? Pues no lo sé, como tampoco lo sé si los expertos contrarios al Plan hubieran tenido más peso en la toma de la decisión.

Y decisión por decisión, me quedo con la de los ciudadanos, que al fin y al cabo son los que pagaremos la remodelación y quienes utilizaremos, en mayor o menor medida, la Diagonal. Que los técnicos defiendan sus posturas y cada uno de nosotros nuestra preferencia.